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Los culpables de la guerra económica

 

Daisy D'amario
José Guillermo Pérez

 

Al asomarnos a inicios de 2015, al panorama social y económico venezolano nos asalta, inmediatamente, la presencia de todos los signos de una crisis: largas colas en las principales cadenas de supermercados y farmacias, la ausencia en los anaqueles de algunos productos esenciales para la alimentación y el cuidado de la salud, un aumento general de los precios que obliga a abandonar productos y servicios así como otro conjunto de problemas. Esta situación está acompañada de un ambiente de ansiedad generalizado porque “no se consiguen las cosas”, porque “el dinero no alcanza” y “esto va a explotar”.

El problema de todos los fenómenos sociales es que no se explican por sí solos sino que debemos ser nosotros quienes los vivimos, los que nos encarguemos de explicarlos. En la vida pública, de toda explicación de un problema nacional se espera que, además de dar cuenta de los hechos, sea o permita la forma más adecuada para resolver el problema.

Para explicar la situación actual, el gobierno venezolano ha escogido el término “Guerra Económica”. Si bien hay voceros o declaraciones en las que se han asumido la situación que atraviesan los venezolanos y la responsabilidad del Estado, a esta expresión es a la que acuden oficialmente los representantes y la propaganda gubernamental y estatal. Y, como en otras ocasiones en que ha empleado la noción de guerra, pretende no sólo describir un estado de cosas que afecta a los venezolanos o a la imagen gubernamental sino que intenta orientar la acción del propio gobierno y la de sus simpatizantes. Ahora bien, como la acción del gobierno debe ser un asunto de preocupación pública, que involucre a todos los ciudadanos, se hace necesario revisar si esta noción ayuda o, en cambio, entorpece la posibilidad de encontrar soluciones a las dificultades que atraviesa actualmente Venezuela.

En primer lugar, y desde el punto de vista del diagnóstico que debiera proveer, con “Guerra Económica” el gobierno hace referencia confusa a la situación de crisis económica que viven los venezolanos. Confusa porque en el discurso de las autoridades gubernamentales, empezando por el del propio presidente de la república Nicolás Maduro, no existe una descripción clara de lo que pasa a nivel de económico, ni siquiera en su dimensión cotidiana. No se describe o asume consistentemente los fenómenos de escasez y/o desabastecimiento (no solo de alimentos), de las colas y la inusitada generalización del racionamiento de productos (por persona, por edad, por número de cédula, de acuerdo a lapsos determinados, la implementación de captahuellas en establecimientos), ni los saltos constantes de los precios, ni la desde hace ya bastante tiempo limitada existencia y disposición de productos con precios regulados, ni tampoco los problemas de funcionamiento de los comercios privados y, mucho menos, estatales.

Así, aunque en la vida diaria los venezolanos confronten escenarios que van desde la escasez/desabastecimiento cíclico y crónico de productos (por ejemplo, y desde hace varios años, de la leche líquida) hasta los que efectivamente parecen asolados por una crisis que evoca imágenes de crack y guerra, las autoridades estatales no se han decidido a sostener si estos tienen un carácter real o si son falsos, una percepción y disposición personal de los ciudadanos, rumor o manipulación comunicacional. A modo de ejemplo pueden servir estas declaraciones de representantes del ejecutivo nacional en visitas que realizaran a supermercado de la red pública Bicentenario:

«Ministro de Alimentación: …Yo te voy a decir, yo he hecho bastante cola. Fui esta semana para el juego de un equipo que yo tengo inclinación deportiva: hice la cola para entrar al estacionamiento, la hice, en mi carrito ahí hice la cola, después hice una colita para entrar a la taquilla, adquirí mis entradas, luego de que adquirí las entradas, que las compré en la taquilla, hice mi cola para entrar al estadio, y ¿sabes qué?, entrando también para ubicarme en mi sitio también hice otra colita. Y después ¿sabes qué?, fui con mis hijos a comprarme una arepita de esas de harina precocida y ¿sabes qué?, también hice una colita.

Periodista: ¿Pero es la misma cola que la señora que conocí afuera que tiene dos días buscando pañales para su bebé?

Ministro: Estás exagerando.»[1]

«Ministra de Interior, Justicia y Paz: Pero ellos se vienen a las dos de la mañana porque quieren. La gente se viene a las dos de la mañana porque quiere… Con la capacidad que esto tiene la gente que va llegando, va entrando y va saliendo. Entonces si tu vienes a las dos de la mañana y empiezan es hasta las ocho que es cuando abren el supermercado, bueno, vas a estar sufriendo allá afuera… No, tendremos que ponerles que es el horario que es pues, y si llegan hay que ordenarlo, hay que atenderlo, hay que prestarle todas las medidas de seguridad y eso. Pero ellos lo hacen porque quieren.»[2]

«Ministra de Comercio: Una creación de zozobra por medios de comunicación, básicamente de redes sociales, que no se corresponde de la realidad. Estamos desplegándonos con todos los productos necesarios para abastecer… y la gente tiene que esperar que se pliegue el proceso que es normal a principios de años. Pero si hay medios de comunicación diciendo “todo se acaba”, “no hay abastecimiento”, “no viene más”, la gente se desespera.»[3]

Pese a las inconsistencias en la descripción de la realidad cotidiana, y en segundo lugar, el gobierno alude a ella, reconoce los síntomas de la crisis y su cotidianidad, cuando establece a la Guerra Económica como causa de su presente situación. También a título de ejemplo sirve una intervención del presidente del órgano legislativo y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) dirigida a partidarios oficialistas:

«Presidente de la Asamblea Nacional: Que esta guerra económica nosotros la vamos a vencer. No tengo ninguna duda. Y la vamos a vencer porque tiene la disposición el gobierno, tiene la disposición el Presidente, pero sobre todo por la conciencia de un pueblo. […] El pueblo está tranquilo, asumiendo el rol. Si le toca, mire… Porque es que tampoco es que nosotros podemos decir “Eso es mentira, aquí no ha habido cola”. ¡Claro que ha habido cola! ¿Cómo nosotros vamos a decir que no ha habido cola? Eso sería negar un problema. No, no, asumámoslo. Y estamos trabajando para resolver ese problema. Y se han hecho y se han tomado decisiones para por lo menos ir paleando poco a poco, hasta que se estabilice. ¿Provocado por quién, es un problema provocado por quién? Por ellos. Que no tienen el coraje de pararse frente al país y decirnos otra cosa. Esa es una pelea de pranes, entre ellos por ver quién asume el liderazgo. De pelea de pranes [En Venezuela, privado de libertad que ejerce de jefe de la población reclusa de un penal o de sectores de ella] y no llegan, dijera una persona, ni a brujitas. ¿Saben quiénes son las brujitas en la cárcel? Lo que hacen todo, pues. No llegan ni a brujitas».[4]

Es decir, cuando el discurso oficial asume actualmente la descripción de la situación que atraviesan los venezolanos es para exponer la “Guerra Económica” como su causa, que consistiría en una acción consciente e inhumana de actores sociales de diverso tipo y envergadura, fundada en motivaciones políticas antigubernamentales. Si bien también es explicada por otras razones —tal como en la última cita como una guerra interna opositora y no en contra del gobierno venezolano— en general, sin embargo, la “Guerra Económica”, a veces también llamada “saboteo” o “golpe económico”, es presentada por voceros oficialistas y entes públicos como un tercer momento de desestabilización/tensión política en la Venezuela contemporánea: de acuerdo al Banco Central de Venezuela (BCV) y el Instituto Nacional de Estadística (INE), en comunicado de diciembre de 2013, el primer momento correspondería al paro petrolero entre 2002 y 2003, el segundo al referéndum constitucional entre 2007 y 2008 y el tercero al presente, que habría iniciado en 2013, cuando “La enfermedad y el fallecimiento de nuestro líder, Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, fueron aprovechados por ciertos sectores de la oposición política, y algunos empresarios, para agudizar artificialmente el deterioro de las variables económicas”.[5]

También al momento de establecer culpables, los voceros oficiales son presas de inconsistencias. De este modo, a lo largo de estos años, además de a sectores de oposición y del empresariado nacional, el gobierno ha señalado a una amplia diversidad de actores como los autores de la desestabilización. Los responsables de la situación económica, quienes hacen la guerra, son: a) empresarios especuladores y comerciantes avaros (particularmente causantes de la inflación); b) raspacupos y cadivistas (particularmente causantes del mercado negro de divisas y fijadores del precio del dólar paralelo); c) burguesía, acaparadores, contrabandistas o bachaqueros, buhoneros-colombianos, compradores consumistas y sectores opositores (particularmente causantes del desabastecimiento o la escasez); d) venezolanos manipulados o consumistas y medios de comunicación (particularmente responsables de las colas y compras nerviosas); e) Estados Unidos o El Imperio (causante de la caída de los precios petroleros como estrategia contra la economía venezolana y su gobierno y, últimamente, reforzado en su papel de promotor de un golpe de Estado).

El término “Guerra Económica” se inscribe en un discurso gubernamental que no logra dar cuenta de forma consistente ni de los eventos cotidianos, continuados y profundizados en que se manifiestan la actual crisis económica, ni ayuda a identificar a los responsables de la desestabilización, en la medida en que se ubican a todo lo largo de la cadena económica y se extiende a la sociedad toda (los productores, las cadenas de comercialización y distribución, los consumidores, los medios de comunicación y las redes sociales) porque ha sido formada por la cultura capitalista, pero con exclusión del propio Estado.

La hipótesis de la “Guerra Económica” es complicada de sostener, en la misma medida en que es difícil de comprobar tanto por la extensión de sus responsables como por su permanencia en el tiempo. Por ejemplo, el “desabastecimiento o escasez” (junto a la inflación el síntoma más visible de la crisis económica venezolana), no es un fenómeno tan discontinuo como lo presentan BCV e INE. Productos de la cesta básica alimentaria han desaparecido periódicamente tanto en variedad como en existencia neta en los anaqueles: leche líquida, leche en polvo, pollo, carne, quesos nacionales, aceite de maíz, aceite vegetal, arroz, café, harina de maíz precocida, harina de trigo, jabón de tocador, jabón para lavar, papel higiénico, pañales para niños, también pañales para adultos, son solo algunos de los productos que por varios años han escaseado recurrentemente. A modo de ilustración, y con distintas explicaciones, en el año 2010 sobre la leche:

Febrero. «Harina y leche comienzan a desaparecer en anaqueles de locales comerciales».[6]

Marzo. «En cinco años Venezuela se autoabastecerá de carne y leche. ‘Nosotros creemos que en los próximos cinco años estaremos autoabasteciéndonos en carne y leche, con la incorporación de 500 mil hembras más en producción lechera, que es lo que necesita nuestro país para sustituir las importaciones de carne y leche’ [...] Belandria informó en una entrevista efectuada por Venezolana de Televisión (VTV) que alcanzar el autoabastecimiento en cinco años forma parte de un proyecto bien programado que viene ejecutando el país desde años atrás».[7]

Abril. «El productor adelantó que dentro de 20 a 30 días la producción de leche llegará al 100%, lo que representa un total de 7 millones 500 mil litros de leche diario, por lo que aseguró que no debería existir ningún problema de escasez ni desabastecimiento».[8]

«Escasez de productos serían el resultado de compras nerviosas según Ansa».[9]

Mayo. «El reto de hacer compras en Venezuela».[10]

Julio. «A pesar de todos los esfuerzos del gobierno, es frecuente y recurrente la escasez de determinados productos alimenticios. Vimos lo mismo en la víspera del referéndum constitucional (que el gobierno perdió como resultado de la alta abstención). Esta es una evidencia concluyente de una campaña deliberada de sabotaje organizada por las grandes empresas para desestabilizar el país y expandir la desmoralización en el período previo a las elecciones de septiembre».[11]

Agosto. «Escasean alimentos de la dieta básica. La leche en polvo de marcas reconocidas no se consigue en los anaqueles de los principales supermercados del Estado Nueva Esparta. En sustitución, se encuentran leche de larga duración. El subgerente de Unicasa, Henry Tineo, indicó que desde hace una semana no llega la leche en polvo al establecimiento comercial».[12]

Octubre. «Escasa la leche en supermercados. Incluyendo el Bicentenario de Parque Central».[13]

«ANSA [Asociación Nacional de Supermercados y Abastos] reporta fallas en abastecimiento de leche. ‘Vemos que el Ejecutivo en los últimos meses ha demostrado eficiencia en la distribución de los productos. La carne ya no escasea como antes, en los lácteos bajó el consumo pero sigue habiendo un poco de escasez’, indicó Texeira en el marco del foro anual de la asociación Desafío ANSA 2010».[14]

Noviembre. «Aprueban el ‘VIII Plan Excepcional para el Abastecimiento de Alimentos de la Cesta Básica, Materia Prima para la Elaboración de Alimentos y otros Productos Agroalimentarios de Primera Necesidad’. Hoy fue publicado en Gaceta Oficial N° 39.553 del 16 de noviembre de 2010 el Decreto N° 7.806, mediante el cual se aprueba el «VIII Plan Excepcional para el Abastecimiento de Alimentos de la Cesta Básica, Materia Prima para la Elaboración de Alimentos y otros Productos Agroalimentarios de Primera Necesidad».[15]

Diciembre. «Los “desaparecidos” de 2010 fueron el aceite y la leche».[16]

En 2010 la tesis que sostenía el gobierno para explicar el desabastecimiento (igualmente con contradicciones acerca de asunción, como puede verse en las citas) era también la de la guerra o desestabilización económica como juego político opositor o de la derecha, pero esa vez de cara a las elecciones parlamentarias. Fue el año también del caso en el que se encontraron toneladas de alimentos importados en avanzado estado de descomposición del ente estatal asociado a PDVSA, PDVAL (al que la oposición denominó el “caso PUDREVAL”), y de la expropiación de los automercados Éxito. Pero en 2011, año no electoral, el desabastecimiento continuó, como también en 2012, que cerró con la escasez de papel higiénico que se hizo escandalosa y requirió un crédito adicional para su importación por parte de la Asamblea Nacional en mayo de 2013.[17]

Adicionalmente, el problema de la escasez no afecta nada más y tan gravemente solo al sector de alimentos, limpieza e higiene personal: desde el sector salud hasta el de la construcción la población venezolana sufre para adquirir bienes y servicios. Y la creación y abandono recurrente de políticas, instancias e instituciones en el campo económico por parte del gobierno (los de control cambiario como los SICADs, y el Órgano Superior para la Defensa Popular de la Economía por ejemplo) además de la falta de información y contradicciones en materia de liquidación de divisas a empresas del sector privado, entre otros aspectos, apuntan a una situación de crisis económica mucho más amplia que la proveniente de una “acción enemiga”.

Así, en última instancia la tesis de la “Guerra Económica” además de confusa y claramente insuficiente o inconsistente, supone dos problemas adicionales, consecuencia uno del otro. En primer lugar, no permite comprender los problemas de forma estructural, sino que apunta a lo psicológico y lo moral. El problema entonces, es que “la gente se deja manipular” y que la “neurotizan” o la “inmoralidad de los capitalistas”, los “revendedores”, “buhoneros” y “bachaqueros” (último término trasladado a los buhoneros como práctica de estigmatización). Esto no significa, por otro lado, que no exista acaparamiento o que las prácticas especulativas no se hayan generalizado, tampoco niega la existencia de mafias y de una extendida corrupción (ubicada, entre otras partes, en el seno del propio Estado) que contrabandea productos venezolanos en la frontera o los revende a la población. Por el contrario, toda la evidencia apunta a la existencia de todos estos fenómenos y a su acrecentamiento, sin embargo, lo que se cuestiona es su carácter puramente “superestructural”, “ideológico” o “ficticio”. A lo que se niega a responder el gobierno al utilizar la tesis de la guerra económica, es si existen o no condiciones objetivas y políticas económicas que promueven, impulsan o facilitan la acción de estos diversos actores sociales. Así como a asumir el rol que efectivamente ejerce el Estado venezolano en la esfera económica, particularmente como producto de la histórica e inacabada dependencia de la renta petrolera.

En segundo lugar, esta forma psicologizante y moralista de comprender los problemas socioeconómicos promueve el control y la criminalización, por parte del Estado, de la sociedad y de sectores específicos de ella. De esta manera, se imponen cada vez mayores controles a la sociedad (limitación en la adquisición de productos, por números de documento de identidad y por cantidades semanales, entre otros, y también en materia de producción y circulación) que aunque hechos con la intención de administrar el desabastecimiento y la crisis se convierten en oportunidades para el ejercicio de la discrecionalidad, la discriminación e incluso aumentan la posibilidad de la corrupción porque se acrecientan las oportunidades de negocio fácil.

La “Guerra Económica” adquiere así tintes de carácter conservador. Solo un abordaje estructural puede esquivar estos problemas y apuntalar prácticas que realmente tiendan a la solución de la crisis socioeconómica actual.

 

 



[1] Vivo Play. “Entrevista con Yvan Bello, ministro de Alimentación de Vzla / VIVOplay [Video de la entrevista]”. Caracas, 06 de enero de 2015. Transcripción nuestra. Énfasis del entrevistado. Disponible en: http://youtu.be/szg3CLL5pII.

[2] Contrapunto Al Día. “Hacen cola ‘porque quieren’. [Video de la entrevista]”. Caracas, 06 de enero de 2015. Transcripción nuestra. Disponible en: http://youtu.be/tbiIiuUvMQc.

[3] Ídem.

[4] Hera Noticias: “Diosdado Cabello 'No podemos decir que no ha habido cola... Eso sería negar un problema' [Video de la entrevista]”. Caracas, 19 de enero de 2015. Transcripción nuestra. Disponible en: http://youtu.be/ghs7m4jSeJU.

[5] Banco Central de Venezuela / Instituto Nacional de Estadística: “Índice nacional de precios al consumidor en los meses de noviembre y diciembre de 2013 [Comunicado]”. Caracas, 30 de diciembre de 2013. Disponible en: http://www.bcv.org.ve/Upload/Comunicados/aviso301213.pdf.

[6] Notitarde, «Harina y leche comienzan a desaparecer en anaqueles de locales comerciales». En: Notitarde. Valencia, 17 de febrero de 2010. Disponible en: http://informe21.com/escasez-alimentos-venezuela/harina-leche-comienzan-desaparecer-anaqueles-locales-comerciales.

[7]Agencia Bolivariana de Noticias. «En cinco años Venezuela se autoabastecerá de carne y leche. Pronosticó Fegaven». En: Diario La Costa. Puerto Cabello, 16 de marzo de 2010. Disponible en: http://www.diariolacosta.com/detalles/En-cinco-anos-Venezuela-se-autoabastecera-de-carne-y-leche/.

[8]Agencia Bolivariana de Noticias. «Producción nacional de leche y queso aumentó 20%». En: Correo del Orinoco. Caracas, 21 de abril de 2010. Disponible en: http://www.correodelorinoco.gob.ve/economia/produccion-nacional-leche-y-queso-aumento-20/.

[9]Diario Versión Final. «Escasez de productos serían el resultado de compras nerviosas según Ansa». En: Diario Versión Final. Maracaibo, 15 de abril de 2010. Disponible en: http://issuu.com/versionfinal/docs/d565/7.

[10] Valery, Yolanda. «El reto de hacer compras en Venezuela». En: BBC Mundo. Londres, 11 de mayo de 2010. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2010/05/100511_1200_venezuela_mercado_escasez_wbm.shtml.

[11]Patrick Larsen y Alan Woods. «Venezuela: la guerra económica en el período previo a las elecciones parlamentarias». En: Aporrea. Caracas, 16 de julio de 2010. Disponible en: http://www.aporrea.org/ideologia/a104160.html.

[12]Sol de Margarita. «Escasean alimentos de la dieta básica» En: Sol de Margarita. Margarita, 30 de agosto de 2010. Disponible en: http://noticiasdenuevaesparta.blogspot.com/2010/08/escasean-alimentos-de-la-dieta-basica.html.

[13] Noticias24. «Diario Vea hace eco de escasez de leche y harina de maíz en supermercados de Caracas [Imagen]». En: Noticias24. Caracas, 26 de octubre de 2010. Disponible en: http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/178135/diario-vea-hace-eco-de-escasez-de-leche-y-harina-de-maiz-en-supermercados-de-caracas/. Diario Vea:

[14]La Prensa de Monagas. «ANSA reporta fallas en abastecimiento de leche». En: La Prensa de Monagas. Maturín, 22 de octubre de 2010. Disponible en: http://www.laprensademonagas.info/Articulo.aspx?s=4&aid=36271.

[15]Noticiero Legal. «Aprueban el “VIII Plan Excepcional para el Abastecimiento de Alimentos de la Cesta Básica, Materia Prima para la Elaboración de Alimentos y otros Productos Agroalimentarios de Primera Necesidad”». En: Noticiero Legal. S/F. Disponible en: http://www.noticierolegal.com/politica-y-gobierno/presidencia-de-la-republica/4785-aprueban-el-lviii-plan-excepcional-para-el-abastecimiento-de-alimentos-de-la-cesta-basica-materia-prima-para-la-elaboracion-de-alimentos-y-otros-productos-agroalimentarios-de-primera-necesidad.html.

[16]El Tiempo. «Los “desaparecidos” de 2010 fueron el aceite y la leche». En: El Tiempo. Puerto La Cruz, 27 de diciembre de 2010. Disponible en: http://eltiempo.com.ve/locales/regionales/economia/los-desaparecidos-de-2010-fueron-el-aceite-y-la-leche/8295.

[17] Últimas Noticias. «AN aprueba crédito por Bs. 519 millones para importar papel tualé». En: Últimas Noticias. Caracas, 21 de mayo de 2013. Disponible en: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/economia/an-aprueba-credito-por-bs-519-millones-para-import.aspx.

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