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Formación de conceptos y teorías en las ciencias sociales[*] [1]

 

Alfred Schutz

En el título de mi artículo, hago referencia deliberada al de un simposio que se llevó a cabo en diciembre de 1952, en la reunión anual de la Asociación Filosófica Norteamericana.[2] Ernest Nagel y Carl G. Hempel aportaron comentarios sumamente estimulantes sobre el problema en discusión, formulados de la manera minuciosa y lúcida tan característica de estos investigadores, y referidos a una controversia que desde hace más de medio siglo divide en dos tendencias no sólo a lógicos y metodólogos, sino también a los especialistas en ciencias sociales.

Según sostiene una de aquellas, los únicos métodos científicos son los de las ciencias naturales, que han rendido tan magníficos resultados, y, por consiguiente, sólo ellos deben ser aplicados en su totalidad al estudio de los asuntos humanos. Se afirma que es el no haber actuado así lo que ha impedido a las ciencias sociales elaborar sistemas de teorías explicativas de precisión comparable a la que ofrecen las ciencias naturales, y lo que hace discutible la labor empírica de teorías elaboradas en dominios restringidos, como el de la economía.

De acuerdo con la otra tendencia, existe una diferencia estructural básica entre el mundo social y el de la naturaleza. Esta idea condujo al extremo opuesto: a concluir que los métodos de las ciencias sociales difieren toto coelo de los que se utilizan en las ciencias naturales. Diversos argumentos han sido aducidos en apoyo de esa posición. Por ejemplo, se ha sostenido que las ciencias sociales son idiográficas, caracterizadas por la conceptualización individualizadora y la búsqueda de proposiciones singulares asertivas, mientras que las ciencias naturales son nomotéticas y se caracterizan por la conceptualización generalizadora y la búsqueda de proposiciones apodícticas generales. Las últimas se refieren a relaciones constantes entre magnitudes mensurables, y son posibles de experimentación, mientras que en las ciencias sociales no es posible medir ni experimentar. En general, se afirma que las ciencias naturales se refieren a objetos y procesos materiales, en tanto las ciencias sociales se refieren a objetos y procesos psicológicos e intelectuales, por lo cual el método de las primeras consiste en explicar, y el de las segundas en comprender.

Hay que admitir que si se los examina con mayor atención, estos enunciados tan generales son insostenibles en su mayoría, y esto por diversas razones. Algunos defensores de los argumentos antes caracterizados abrigaban un concepto bastante erróneo de los métodos de las ciencias naturales; otros tendían a identificar la situación metodológica de una ciencia social particular con el método de las ciencias sociales en general. Se sostuvo que, como la historia aborda sucesos únicos, no recurrentes, todas las ciencias sociales se limitan a proposiciones singulares asertivas. Como en antropología cultural es casi imposible experimentar, se ignoró el hecho de que los psicólogos sociales pueden llevar a cabo experimentos de laboratorio, al menos en cierta medida. Por último -y este es el punto más importante-, tales argumentos no toman en cuenta que un conjunto de reglas de procedimiento científico tiene igual validez para todas las ciencias empíricas, ya se refiera a objetos de la naturaleza o a problemas humanos. Tanto en unos como en otros rigen los principios del control de las inferencias y la verificación por parte de otros investigadores, así como los ideales teóricos de unidad, simplicidad y universalidad. Este insatisfactorio estado de cosas tiene por principal origen el hecho de que las ciencias sociales modernas se desarrollaron durante un período en el cual la ciencia lógica se ocupaba principalmente de la lógica de las ciencias naturales. En una especie de imperialismo monopólico, los métodos de estas últimas fueron declarados con frecuencia los únicos científicos, mientras se descuidaban los problemas específicos que hallaban en su labor los especialistas en ciencias sociales. Sin ayuda ni guía en su rebelión contra este dogmatismo, quienes estudiaban los problemas humanos tuvieron que elaborar sus propias concepciones acerca de lo que consideraban metodología de las ciencias sociales. Lo hicieron sin un conocimiento filosófico suficiente y abandonaron sus intentos una vez alcanzado un nivel de generalización que parecía justificar su profunda convicción de que no era posible lograr lo que buscaban adoptando los métodos de las ciencias naturales sin modificarlos ni complementarlos. No es de extrañarse que a menudo sus argumentos sean infundados, sus formulaciones insuficientes, y que abundantes malentendidos dificulten la controversia. Es por ello que, en las páginas siguientes, nos interesaremos sobre todo en lo que quisieron decir y no en lo que dijeron los especialistas en ciencias sociales. El desaparecido Felix Kaufmann,[3] en sus escritos, como Nagel[4] y Hempel[5] en contribuciones más recientes, han sometido a crítica muchas falacias de los argumentos expuestos por los especialistas en ciencias sociales y preparado el terreno para otro enfoque del problema. Aquí me concentraré en la crítica efectuada por el profesor Nagel de la afirmación hecha por Max Weber y su escuela. Según estos, las ciencias sociales procuran «comprender» los fenómenos sociales en términos de categorías «provistas de sentido» (le la experiencia humana, y por lo tanto el enfoque «causal funcional» de las ciencias naturales no es aplicable a la investigación social. De acuerdo con el criterio del doctor Nagel, esta escuela sostiene que toda conducta humana socialmente significativa es una expresión de estados psíquicos motivados; que en consecuencia, el experto en ciencias sociales no puede contentarse con ver, en los procesos sociales, simples concatenaciones de sucesos «externamente relacionados»; y que establecer correlaciones o incluso relaciones universales de concomitancia no puede ser su objetivo final. Por el contrario, dicho especialista debe construir «tipos ideales» o «modelos de motivaciones» en cuyos términos procura «comprender» la conducta social manifiesta atribuyendo fuentes de acción a los actores que toman parte en ella. Si entiendo correctamente su crítica, el profesor Nagel sostiene:

1. Que estas fuentes de acción no son accesibles a la observación sensorial. De esto se desprende, como se ha enunciado con frecuencia, que el especialista en ciencias sociales debe identificarse imaginativamente con los participantes, y contemplar la situación que estos enfrentan tal como lo hacen los actores mismos. Sin embargo, está claro que no necesitamos pasar por las experiencias psíquicas de otros hombres para saber que las tienen o para predecir su conducta manifiesta. 2. Que la imputación de emociones, actitudes y propósitos como explicación de la conducta manifiesta es una hipótesis doble: presupone que los agentes participantes en algún fenómeno social se encuentran en determinados estados psicológicos; presupone también relaciones definidas de concomitancia entre dichos estados y entre estos v la conducta manifiesta. Pero ninguno de los estados psicológicos cuya posesión imaginamos para los sujetos de nuestro estudio pueden ser en realidad suyos, y aunque nuestras imputaciones fueran correctas, ninguna de las acciones manifiestas presuntamente derivadas de esos estados puede presentársenos como comprensible o razonable.

3. Que no «comprendemos» la índole y funcionamiento de los motivos humanos y su expresión en la conducta manifiesta, más adecuadamente que las relaciones causales «externas». Si mediante una explicación provista de sentido nos limitamos a afirmar que determinada acción es un caso de una pauta de conducta manifestada por los seres humanos en diversas circunstancias, y que, al concretarse en la situación dada algunas de las circunstancias pertinentes, es previsible que una persona manifieste ciertas formas de la mencionada pauta, entonces no existe ninguna separación nítida entre esas explicaciones y las que sólo se refieren a un conocimiento «externo» de conexiones causales. Es tan posible obtener conocimiento sobre las acciones de los hombres basándose en los indicios proporcionados por su conducta manifiesta, como lo es descubrir y conocer la constitución atómica del agua basándose en los indicios suministrados por la conducta física y química de esa sustancia. No se justifica, por lo tanto, que quienes proponen las «conexiones provistas de sentido» como objetivo de las ciencias sociales rechacen una ciencia social puramente «objetiva» o «conductista».

Como tendré que discrepar de las conclusiones a que llegaron Nagel y Hempel acerca de varias cuestiones fundamentales, quizá me sea permitido comenzar resumiendo brevemente los puntos, no menos importantes, en los que me satisface coincidir con ellos. Concuerdo con el profesor Nagel en que todo conocimiento empírico supone descubrimientos logrados mediante procesos de inferencia controlada, y que debe poder ser enunciado en forma proposicional y verificado por cualquier persona dispuesta a tomarse el trabajo de hacerlo mediante la observación.[6] En cambio, discrepo de su opinión en cuanto a que esta observación deba ser sensorial en el significado preciso de este término. Por otro lado, opino como el que «teoría» significa, en todas las ciencias empíricas, la formulación explícita de relaciones determinadas entre un conjunto de variables, en términos de las cuales puede ser explicada una clase bastante amplia de regularidades empíricamente discernibles.[7] Además, coincido plenamente con el cuando afirma que ni el hecho de que esas regularidades tengan en las ciencias sociales una universalidad bastante restringida, ni el hecho de que sólo permitan predecir en medida limitada, constituyen una diferencia básica entre las ciencias sociales y las naturales, puesto que muchas ramas de estas últimas presentan esas mismas características.[8] Como procuraré demostrar más adelante, creo que el profesor Nagel interpreta erróneamente el postulado de Max Weber acerca de la interpretación subjetiva. Tiene razón, sin embargo, cuando declara que un método que exigiera al observador científico individual identificarse con el agente social observado para comprender sin motivos, o un método que remitiera la selección de los hechos observados y su interpretación al sistema privado de valores del observador particular, conduciría simplemente a una imagen incontrolable, privada y subjetiva, en la mente de ese determinado estudioso de los asuntos humanos, y nunca a una teoría científica.[9] Pero no sé que ningún pensador social importante haya defendido nunca un concepto de subjetividad como el criticado por Nagel. No era esta la posición de Max Weber.

Creo, además, que lo que impide a estos autores captar la cuestión que tiene vital importancia para los especialistas en ciencias sociales es su filosofía básica -el empirismo sensorialista o positivismo lógico-, que identifica la experiencia con la observación sensorial, presuponiendo que la única alternativa a la observación sensorial controlable -y, por ende, objetiva- es la introspección subjetiva -y, por lo tanto, incontrolable e inverificable-. No es oportuno, por cierto, renovar aquí la vieja controversia acerca de los presupuestos ocultos e implícitas premisas metafísicas de esta filosofía básica. Por otra parte, para explicar mi propia posición, tendría que explayarme sobre ciertos principios de la fenomenología. Me propongo, en cambio, defender algunas proposiciones bastante sencillas:

1. El objetivo primario de las ciencias sociales es lograr un conocimiento organizado de la realidad social. Quiero que se entienda, por «realidad social», la suma total de objetos y sucesos dentro del mundo social cultural, tal como los experimenta el pensamiento de sentido común de los hombres que viven su existencia cotidiana entre sus semejantes, con quienes los vinculan múltiples relaciones de interacción. Es el mundo de objetos culturales e instituciones sociales en el que todos hemos nacido, dentro del cual debemos movernos y con el que tenemos que entendernos. Desde el comienzo, nosotros, los actores en el escenario social, experimentamos el mundo en que vivimos como un mundo natural y cultural al mismo tiempo; como un mundo no privado, sino intersubjetivo, o sea, común a todos nosotros, realmente dado o potencialmente accesible a cada uno. Esto supone la intercomunicación y el lenguaje.

2. Todas las variantes de naturalismo y empirismo lógico se limitan a presuponer esta realidad social, que es el objeto propio de las ciencias sociales. Intersubjetividad, interacción, intercomunicación y lenguaje son simplemente presupuestos como base no explicada de esas teorías, las cuales presuponen, por así decirlo, que el especialista en ciencias sociales ya tenga resuelto su problema fundamental antes de que comience la indagación científica. Es verdad que Dewey destacó, con una claridad digna de este eminente filósofo, que toda investigación empieza y termina dentro de la matriz social cultural; también lo es que el profesor Nagel tiene plena conciencia de que la ciencia y su proceso autocorrectivo es una empresa social.[10] Pero el postulado que describe y explica la conducta humana en términos de observaciones sensoriales controlables no llega a describir ni a explicar el proceso mediante el cual el investigador B controla y verifica los descubrimientos obtenidos con su observación por el investigador A y las conclusiones que este ha extraído. Para hacerlo, B debe saber que ha observado A, cuál es el objetivo de su investigación, por qué consideró que el hecho observado era digno de serlo, vale decir, pertinente para el problema científico inmediato, etc. Este conocimiento es comúnmente denominado comprensión. En apariencia, se deja al especialista en ciencias sociales la tarea de explicar cómo puede surgir tal comprensión mutua entre seres humanos. Pero cualquiera que sea esa explicación, es seguro que tal comprensión intersubjetiva entre el investigador B y el investigador A no se produce por las observaciones de B, ni por la conducta manifiesta de A, ni por una introspección llevada a cabo por B, ni Por la identificación de B. con A. Traduciendo este argumento al lenguaje preferido por el positivismo lógico, esto significa, como lo ha explicado Felix Kaufmann,[11] que las denominadas proposiciones protocolares acerca del mundo físico pertenecen a un tipo muy diferente del de las proposiciones protocolares acerca del mundo psico-físico.

3. La identificación con la observación sensorial de la experiencia, en general, y en particular de la experiencia de la acción manifiesta (como lo propone Nagel), excluye de toda investigación posible varias dimensiones de la realidad social.

a. Incluso un conductismo idealmente refinado sólo puede explicar la conducta del observado y no la del observador conductista, como lo ha señalado, .entre otros, George H. Mead.[12]

  • b. La misma conducta manifiesta (p. ej., una ceremonia tribal tal como la puede captar el cinematógrafo) puede tener para los actores un significado muy diferente. Lo único que interesa al especialista en ciencias sociales es si se trata de una danza guerrera, la realización de un trueque, la recepción de un embajador amigo o algo semejante. c. Además, el concepto de acción humana en términos del pensamiento de sentido común y de las ciencias sociales incluye lo que podría llamarse «acciones negativas», es decir, la abstención intencional de actuar,[13] lo cual, por supuesto, escapa a la observación sensorial. Sin duda alguna, el no vender determinada mercadería a un precio dado constituye una acción económica tanto como venderla.

d. Agreguemos que, como ha señalado W. I. Thomas,[14] la realidad social contiene elementos de creencias y convicciones que son reales porque así los definen los participantes, y que escapan a la observación sensorial. Para los habitantes de Salem del siglo XVII, la hechicería no era una ilusión, sino un elemento de su realidad social, que como tal puede ser investigada por el especialista en ciencias sociales.

e. Por último -y este es el punto más importante-, el postulado de la observación sensorial de la conducta humana manifiesta adopta como modelo un sector particular y relativamente pequeño del mundo social: las situaciones en las que el individuo actuante se presenta al observador en lo que suele denominarse una relación cara a cara. Pero en muchas otras dimensiones del mundo social no predominan las situaciones de este tipo. Cuando echamos una carta en el buzón, presuponemos que semejantes anónimos, llamados empleados de correo, llevarán a cabo una serie de manipulaciones, desconocidas e inobservables para nosotros, cuyo efecto será que el destinatario, quizá también desconocido para nosotros, recibirá el mensaje y reaccionara de una manera que igualmente escapa a nuestra observación sensorial; el resultado de todo esto es que recibimos el libro que hemos encargado. Si leo un editorial en el cual se afirma que Francia teme el rearme de Alemania, sé perfectamente bien lo que esta declaración significa sin conocer al editorialista y hasta sin conocer ningún francés ni alemán, y mucho menos observar su conducta manifiesta.

En términos del pensamiento de sentido común, en su vida cotidiana los hombres tienen conocimiento de esas diversas dimensiones del mundo social en que viven. Este conocimiento, por cierto, no sólo es fragmentario, ya que se limita principalmente a ciertos sectores de este mundo; también es con frecuencia contradictorio en sí mismo y presenta todos los grados de claridad y nitidez, desde la compenetración plena o «conocimiento acerca de», como lo denominó James,[15] pasando por el «trato directo» o mera familiaridad, hasta la ciega creencia en cosas presupuestas. Existen al respecto considerables diferencias de un individuo a otro y de un grupo social a otro. Con todo, y pese a todas estas insuficiencias, el conocimiento de sentido común de la vida cotidiana basta para entenderse con el prójimo, los objetos culturales y las instituciones sociales; en resumen, con la realidad social. Esto es así, porque el mundo (el natural y el social) es desde el comienzo un mundo intersubjetivo, y porque, como se verá más adelante, nuestro conocimiento de el está socializado de diversas maneras. Además, el mundo social es experimentado desde un primer momento como un mundo provisto de sentido. No se experimenta al cuerpo del otro como un organismo, sino como un semejante; su conducta manifiesta no es experimentada como un suceso en el espacio-tiempo del mundo exterior, sino como la acción de nuestro semejante. Normalmente «sabemos» que hace el Otro, por qué razón lo hace, por qué lo hace en este momento particular y en estas circunstancias particulares. Esto significa que experimentamos la acción de nuestro semejante en términos de sus motivos y fines. De igual modo, experimentamos los objetos culturales en términos de la acción humana de la cual son resultado. Una herramienta, por ejemplo, no es experimentada como una cosa del mundo externo (que también lo es, por supuesto), 'sino en términos del propósito para el cual fue concebida por semejantes más o menos anónimos, y en términos de su posible uso por otros.

Sugiero que el hecho de que en el pensamiento de sentido común presupongamos nuestro conocimiento actual o potencial del sentido de las acciones humanas y sus productos es, precisamente, lo que quieren expresar los especialistas en ciencias sociales cuando hablan de la comprensión o Verstehen como técnica para abordar los asuntos humanos. Por ende, la Verstehen no es primordialmente un método empleado por el científico social, sino la particular forma experiencial en que el pensamiento de sentido común toma conocimiento del mundo social cultural. No tiene nada que ver con la introspección; es un resultado de procesos de aprendizaje o aculturación, tal como lo es la experiencia de sentido común del llamado mundo natural. La Verstehen, además, no es en modo alguno un asunto privado del observador, imposible de controlar por las experiencias de otros observadores. Es controlable, al menos en la misma medida en que las percepciones sensoriales privadas de un individuo son controlables por cualquier otro individuo colocado en ciertas condiciones. Basta con pensar en un jurado procesal cuando discute si el acusado ha mostrado «premeditación» o «intento deliberado» de matar una persona, si estaba en condiciones de conocer las consecuencias de su acción, etc. Aquí tenemos incluso ciertas «reglas de procedimiento» suministradas por las «reglas de la prueba» en el sentido jurídico, y una especie de verificación, por parte del Tribunal de Apelaciones, de las conclusiones resultantes de procesos de Verstehen, etc. Además, en el pensamiento de sentido común se llevan a cabo continuamente, y con gran acierto, predicciones basadas en la Verstehen. Es más que probable que una curta colocada en un buzón de Nueva York con el franqueo adecuado y la dirección correcta llegue a su destinatario en Chicago.

Sin embargo, tanto los defensores como los críticos del proceso de la Verstehen sostienen que este es «subjetivo», y con razón. Por desgracia, cada tendencia emplea este término en un sentido diferente. Los críticos de la comprensión la clasifican Como subjetiva porque, Según ellos, comprender los motivos de la acción de otro hombre depende de la intuición privada, incontrolable e inverificable del observador, o se remite a su sistema privado de valores. En cambio, los especialistas en ciencias soclales como Max Weber llaman subjetivo a la Verstehen porque se propone descubrir el «sentido» de su acción para el actor, en contraste con el sentido que esa acción tiene para su copartícipe o para un observador neutral. De aquí surge el famoso postulado weberiano de la interpretación subjetiva al cual volveremos a referirnos más adelante. Toda la discusión es perjudicada por la falta de una clara distinción entre Verstehen 1) como forma experimental del conocimiento de sentido común de los asuntos humanos, 2) como problema epistemológico y 3) como método específico de las ciencias sociales.

Hasta ahora nos hemos concentrado en la Verstehen como el método utilizado por el pensamiento de sentido común para orientarse dentro del mundo social y entenderse con él. El interrogante epistemológico: «¿cómo es posible tal comprensión a Verstehen?» se refiere a un enunciado expuesto por Kant en otro contexto. A este respecto, sugiero que constituye un «escándalo de la filosofía» el que no se haya encontrado todavía una solución satisfactoria para el problema de nuestro conocimiento de otras mentes y en conexión con él de la intersubjetividad de nuestra experiencia del mundo natural y del mundo sociocultural, y que, hasta hace muy poco, este problema no haya atraído siquiera la atención de los filósofos. Pero la solución de este dificilísimo problema de interpretación filosófica es una de las primeras cosas que se presuponen en el pensamiento de sentido común y son resueltas prácticamente, sin ninguna dificultad en cada una de las acciones cotidianas. Y puesto que los seres humanos no son fabricados en retorrías, sino engendrados por madres, la experiencia de la existencia de otros seres humanos y del sentido de sus acciones es, sin duda, la primera y más original observación empírica que hace el hombre.

Por otro lado,fi1ósofos tan diferentes como James, Bergson, Dewey, Husserl y Whitehead concuerdan en que el conocimiento de sentido común de la vida cotidiana es el fondo incuestionado, pero siempre cuestionable, dentro del cual comienza la investigación, y el único en cuyo interior es posible efectuarla. Dentro de este Lebenswelt como lo denomina Husserl, se originan, según el, todos los conceptos científicos y hasta lógicos; es la matriz social dentro de la cual Según Dewey, surgen situaciones no aclaradas, que deben ser transformadas por el proceso de investigación en asertibilidad garantizada; y Whitehead ha señalado que el objetivo de la ciencia es elaborar una teoría que concuerde con la experiencia explicando los objetos de pensamiento construidos por el sentido común mediante las construcciones mentales u objetos de pensamiento de la ciencia.* Todos estos pensadores concuerdan en afirmar que todo conocimiento del mundo tanto en el pensamiento de, sentido común como en la ciencia, supone construcciones mentales, síntesis, generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones específicas del nivel respectivo de organización del pensamiento. Por ejemplo, el concepto de naturaleza, al que se refieren las ciencias naturales, es, como lo ha señalado Husserl, una abstracción idealizadora del Lebenswelt, abstracción que, en principio y -por supuesto- legítimamente, excluye a las personas, su vida personal y todos los objetos de cultura que se originan, como tales, en la actividad humana práctica. Sin embargo, precisamente esta misma capa del Lebenswelt a partir de la cual deben hacer sus abstracciones las ciencias naturales es la realidad social que deben investigar las ciencias sociales.

Esta concepción aclara ciertos problemas metodológicos peculiares de las ciencias sociales. En primer lugar, se advierte que el supuesto según el cual la estricta adopción de los principios de formación de los conceptos y teorías vigentes en las ciencias naturales conducirá a un conocimiento seguro de la realidad social es en sí mismo contradictorio. Si es posible elaborar una teoría Según tales principios, por ejemplo, en la forma de un conductismo idealmente refinado -lo cual es ciertamente imaginable-, aquella no nos dirá nada respecto de la realidad social tal como la experimentan los hombres en la vida cotidiana. Como admite el mismo profesor Nagel,[16] será sumamente abstracta, y aparentemente sus conceptos se hallarán lejos de los rasgos obvios y familiares que se encuentran en cualquier sociedad. Por otra parte, una teoría encaminada a explicar la realidad social debe elaborar recursos particulares ajenos a los de las ciencias naturales, destinados a coincidir con la experiencia de sentido común del mundo social. Esto es, en verdad, lo que han hecho todas las ciencias teóricas de los asuntos humanos: economía, sociología, ciencias jurídicas, lingüística, antropología cultural, etcétera.

Tal estado de cosas se basa en el hecho de que existe una diferencia esencial en la estructura de los objetos de pensamiento o construcciones mentales creados por las ciencias sociales, y los creados por las ciencias naturales.[17] Incumbe al experto en ciencias naturales, y sólo a él, definir, de acuerdo con las reglas de procedimiento de su ciencia, su campo observacional y determinar dentro de él los hechos, datos y sucesos significativos para su problema o para el propósito científico que persigue. Tampoco selecciona previamente esos hechos y sucesos, ni interpreta de antemano el campo observacional. El mundo de la naturaleza, tal como lo explora el especialista en ciencias naturales, no «significa» nada para las moléculas, átomos y electrones. Pero el campo observacional del científico social, la realidad social, tiene un significado específico y una estructura de significatividades para los seres humanos que viven, actúan y piensan dentro de el, quienes mediante una serie de construcciones de sentido común han efectuado selecciones e interpretaciones previas de este mundo que experimentan como la realidad de sus vidas cotidianas. Son estos objetos de pensamiento suyos los que determinan su conducta al motivarla. Los objetos de pensamiento que el especialista en ciencias sociales construye para comprender esta realidad social deben basarse en los objetos de pensamiento construidos por el pensamiento de sentido común de hombres que viven su existencia cotidiana dentro de su mundo social. Las construcciones de las ciencias sociales son, pues, por así decir, construcciones de Segundo grado, o sea, construcciones de las construcciones elaboradas por quienes actúan en la escena social, cuya conducta debe observar y explicar el especialista en ciencias sociales de acuerdo con las reglas de procedimiento de su ciencia.

De este modo, la indagación de los principios generales según los cuales el hombre organiza en la vida cotidiana sus experiencias -especialmente las del mundo social-, es la primera tarea de la metodología de las ciencias sociales. No corresponde esbozar aquí los procedimientos de un análisis fenomenológico de la denominada actitud natural, que permiten hacer esto. Nos limitaremos a mencionar brevemente algunos de los problemas correspondientes,

Como lo ha explicado Husserl, el mundo es experimentado desde un principio, en el pensamiento precientífico de la vida cotidiana, a la manera de lo típico. Los objetos y sucesos singulares que se nos dan en un aspecto singular son singulares dentro de un típico horizonte de familiaridad y conocimiento previo por trato directo. Existen montañas, árboles, animales, perros; en particular, perdigueros irlandeses, y entre ellos, mi perdiguero irlandés Rover, Por consiguiente, puedo ver a Rover como ese individuo único, mi irreemplazable amigo y camarada, o simplemente como un ejemplo típico de «perdiguero irlandés», «perro», «mamífero», «animal», «organismo» y «objeto del mundo externo», A partir de esto, puede demostrarse que el hecho de que yo haga una u otra cosa, y también qué rasgos o cualidades de un objeto o suceso dados consideraré como individualmente únicos y cuáles como típicos, dependerá de mi interés actual y del correspondiente sistema de significatividades; en resumen, del problema práctico o teórico que tengo «a mano». Este «problema a mano» se origina a su vez en las circunstancias en las cuales me hallo en algún momento de mi vida cotidiana, a las que propongo denominar mi situación biográficamente determinada. Así, la tipificación depende de mi problema a mano, para cuya definición y solución he elaborado tal tipo. Puede mostrarse además que al menos un aspecto de los sistemas biográfico y situacionalmente determinados de intereses y significatividades es experimentado subjetivamente, en el pensamiento de la vida cotidiana, como sistemas de motivos para actuar, de elecciones por efectuar, de proyectos por realizar y objetivos por cumplir. A esta percepción del actor en cuanto a la dependencia de los motivos y fines de sus acciones con respecto a su situación biográficamente determinada se refieren los especialistas en ciencias sociales cuando hablan del significado subjetivo que el actor «asigna a» su acción «vincula con» ella. Esto implica que, en términos estrictos, el actor, y sólo él sabe lo que hace, por qué lo hace, cuando y donde comienza y termina su acción.

Pero el mundo de la vida cotidiana también es, desde el principio, un mundo social cultural dentro del cual me relaciono, en múltiples formas de interacción, con semejantes a quienes conozco en grados diversos de intimidad y anonimia, En cierta medida -suficiente para muchos fines prácticos- comprendo su conducta, si comprendo los motivos, objetivos, elecciones y planes que se originan, en sus circunstancias biográficamente determinadas. Sin embargo, sólo en situaciones particulares -y aun entonces de modo fragmentario-, puedo experimentar los motivos, objetivos, etc., de los Otros; en síntesis, los significados subjetivos que ellos atribuyen a sus acciones, en su unicidad. Puedo, en cambio, experimentarlos en su tipicidad. Para ello, construyo esquemas típicos de los motivos y fines de los actores, e incluso de sus actitudes y personalidades, de las cuales su conducta actual no es sino un caso o ejemplo. Esos esquemas tipificados de la conducta de los Otros, pasan a ser a su vez motivos de mis propias acciones lo cual conduce al fenómeno de la autotipificación, bien conocido por los especialistas en ciencias sociales bajo diversos nombres.

Opino que aquí, en el pensamiento de sentido común de la vida cotidiana, se encuentra el origen de los tipos llamados constructivos o ideales, concepto que, como herramienta de las ciencias sociales, ha sido analizado por el profesor Hempel con tanta lucidez. Pero al menos en el nivel del sentido común, la formación de esos tipos no supone intuición ni teorías, si entendemos estos términos en el sentido en que los enuncia Hempel.[18] Como veremos, existen también otras especies de tipos ideales o constructivos, los elaborados por el especialista en ciencias sociales, que poseen una estructura muy diferente y, en verdad, suponen una teoría. Pero Hempel no los ha diferenciado.

Luego debemos tener en cuenta que en muchos aspectos, el conocimiento de sentido común de la vida cotidiana está socializado desde el principio.

Lo está, en primer término, estructuralmente, ya que se basa en la idealización fundamental Según la cual, si yo cambiara de lugar con mi semejante, experimentaría el mismo sector del mundo sustancialmente en las mismas perspectivas que él, perdiendo toda significación, para todos los fines prácticos inmediatos, nuestras circunstanclas biográficas particulares. Propongo llamar a esta idealización la de reciprocidad de perspectivas.**

En segundo lugar, está socializado genéticamente, porque la mayor parte de nuestro conocimiento, en cuanto a su contenido y en cuanto a las formas particulares de tipificación en las cuales se organiza, es de origen social, y en términos socialmente aprobados.

En tercer lugar, está socializado en el sentido de la distribución social del conocimiento, ya que cada individuo conoce sólo un sector del mundo, y el conocimiento común del mismo sector varía de un individuo a otro en cuanto a su grado de nitidez, claridad, trato directo o  mera creencia.

Estos principios de socialización del conocimiento de sentido común, y especialmente el de la distribución social del conocimiento, explican al menos en parte a qué se refiere el especialista en ciencias sociales, cuando habla del enfoque estructural-funcionalista del estudio de los problemas humanos. Por lo menos en las ciencias sociales modernas, el concepto de funcionalismo no deriva del concepto biológico de funcionamiento de un organismo, como sostiene Nagel. Se refiere a las construcciones socialmente distribuidas de pautas de motivos, fines, actitudes y personalidades, a las que se presupone invariables y se interpreta entonces como la función o estructura del sistema social mismo. Cuanto más estandarizadas e institucionalizadas están estas pautas entrelazadas de conducta, es decir, cuanto más aprobación social tiene su tipicidad por medio de leyes, usos, costumbres y hábitos, tanto mayor es su utilidad en el pensamiento de sentido común y en el pensamiento científico como esquema de interpretación de la conducta humana.

Tales son, muy en general, los contornos que presentan algunas características importantes de las construcciones que participan en la experiencia de sentido común del mundo intersubjetivo de la vida cotidiana, experiencia a la cual llamamos Verstehen. Como ya se ha explicado, son las construcciones del primer nivel, sobre las cuales deben ser erigidas las construcciones del segundo nivel de las ciencias sociales. Pero aquí se presenta un problema fundamental. Por una parte, se ha demostrado que las construcciones del primer nivel, las construcciones del sentido común, se refieren a elementos subjetivos: la Verstehen de la acción del actor desde su punto de vista. Por consiguiente, si en verdad las ciencias sociales aspiran a explicar la realidad social, también las construcciones científicas del segundo nivel deben incluir una referencia al sentido subjetivo que tiene una acción para el actor. Esto, Según creo, es lo que Max Weber entendía por su famoso postulado de la interpretación subjetiva que por cierto ha sido aceptado hasta ahora en la formación teórica de todas las ciencias sociales. El postulado de la interpretación subjetiva debe ser entendida así: todas las explicaciones científicas del mundo social pueden, y para ciertos fines deben, referirse al sentido subjetivo de las acciones de los seres humanos en los que se origina la realidad social.

Por otra parte, coincido con el profesor Nagel cuando afirma que las ciencias sociales, como todas las ciencias empíricas, deben ser objetivas en el sentido de que sus proposiciones están sujetas a la verificación controlada y no deben referirse a experiencias privadas incontrolables.

¿Cómo es posible reconciliar estos principios aparentemente contradictorios? La pregunta más seria a la que debe responder la metodología de las ciencias sociales es, sin duda, la siguiente: ¿cómo es posible elaborar conceptos objetivos y una teoría objetivamente verificable de las estructuras subjetivas de sentido? La respuesta se halla en la idea básica según la cual los conceptos elaborados por el científico social son construcciones de las construcciones elaboradas en el pensamiento de sentido común por los actores de la escena social. Las construcciones científicas elaboradas en el segundo nivel, de acuerdo con las reglas de procedimiento válidas para todas las ciencias empíricas, son construcciones objetivas de tipos ideales y, como tales, pertenecen a una especie diferente de las elaboradas en el primer nivel. El del pensamiento de sentido común, que deben superar. Son sistemas teóricos que contienen hipótesis generales susceptibles de ser puestas a prueba en el sentido de la definición del profesor Hempel.[19] Este recurso ha sido usado por los científicos sociales interesados por la teoría mucho antes de que este concepto fuera formulado por Max Weber y desarrollado por su escuela.

Antes de pasar a describir algunas características de estas construcciones científicas, examinaremos brevemente la actitud particular del teórico en ciencias sociales ante el mundo social, en contra posición con la del actor de la escena social. Como hombre de ciencia, y no como ser humano (que también lo es), aquel no toma parte en la situación observada, que no ofrece para él un interés práctico, sino solamente cognoscitivo. El sistema de significatividades que gobierna la interpretación de sentido común en la vida cotidiana se origina en la situación biográfica del observador. Al decidirse a ser un científico, el experto en ciencias sociales ha reemplazado su situación biográfica personal por lo que llamaré, siguiendo a Felix Kaufmann,[20] una situación científica. Los problemas que se le presentan pueden no ser problemas para el ser humano que está en el mundo y viceversa. Todo problema científico está determinado por el estado actual de la ciencia respectiva, y su solución debe ser lograda de acuerdo con las reglas de procedimiento que gobiernan esta ciencia, reglas que garantizan, entre otras cosas, el control y la verificación de la solución ofrecida. Solamente el problema científico, una vez establecido, determina lo que es significativo para el científico, así como el marco conceptual de referencia que deberá utilizar. Esto y nada más, a mi parecer, es lo que quiere decir Max Weber cuando postula la objetividad de las ciencias sociales, su alejamiento de pautas valorativas que gobiernan o puedan gobernar la conducta de quienes actúan en la escena social.

¿Cómo procede el experto en ciencias sociales? Observa ciertos hechos y sucesos de la realidad social que se refieren a la acción humana y construye pautas típicas de conductas o de cursos de acción a partir de lo que ha observado. A continuación coordina, con estas pautas típicas de cursos de acción, modelos de un actor o actores ideales, a quienes imagina dotados de conciencia. Esta conciencia, sin embargo, está restringida de tal modo que no contiene más que los elementos significativos para aplicar las pautas de cursos de acción observadas. Así, atribuye a esta conciencia ficticia un conjunto de nociones, propósitos y fines típicos, a los que se presupone invariables en la conciencia especiosa del actor-modelo imaginario. Se supone que este homúnculo o títere está relacionado en sistemas de interacción, con otros homunculus o títeres construidos de manera similar. Entre estos homúnculos con los que el especialista en ciencias sociales puebla su modelo del mundo social de la vida cotidiana se distribuyen conjuntos de motivos, fines y roles (en general, sistemas de significatividades) de la manera requerida por los problemas científicos investigados. Sin embargo -y este es el punto principal- tales construcciones no son en modo alguno arbitrarias, sino que están sujetas a los postulados de coherencia lógica y de adecuación. Este último significa que cada término de tal modelo científico de acción humana debe ser construido de modo que un acto humano efectuado dentro del mundo real por un actor determinado, Según lo indica la construcción típica, sería comprensible para el actor mismo así como para sus semejantes en términos de interpretaciones de sentido común de la vida cotidiana. El cumplimiento del postulado de coherencia lógica garantiza la validez objetiva de los objetos de pensamiento construidos por el científico social; el cumplimiento del postulado de adecuación garantiza su compatibilidad con las construcciones de la vida cotidiana.***

Como paso siguiente, pueden variarse las circunstancias en que funciona tal modelo; es decir, se puede imaginar modificada la situación que deben encarar los homúnculos, pero no el conjunto de motivos y significatividades presupuestos como único contenido de su conciencia. Por ejemplo, puedo construir un modelo de un productor que actúa en condiciones de competencia no regulada y otro de un productor que actúa bajo restricciones impuestas por cárteles, y luego comparar la producción de la misma mercadería por la misma firma en los dos modelos.[21] De este modo, es posible predecir cómo podría comportarse tal títere o sistema de títeres en ciertas condiciones, y descubrir ciertas «relaciones determinadas entre un conjunto de variables, en términos de las cuales (...) pueden explicarse (...) regularidades empíricamente discernibles». Pero así es como define una teoría el profesor Nagel.[22] Es fácil advertir que cada paso requerido para construir y utilizar el modelo científico puede ser verificado por la observación empírica, siempre que no limitemos este término a las percepciones sensoriales de objetos y sucesos del mundo externo, sino que incluyamos también la forma experiencial por la cual el pensamiento de sentido común comprende, en la vida cotidiana, las acciones humanas y su resultado en términos de los motivos y fines subyacentes.

Se me permitirán dos breves conclusiones finales. Primero; un concepto básico de la posición filosófica fundamental del naturalismo es el denominado principio de continuidad, aunque se discute si este principio significa continuidad de existencia, o de análisis, o de un criterio intelectual para controlar adecuado los métodos empleados.[23] En mi opinión, este principio de continuidad, en cada una de estas diversas interpretaciones, se satisface mediante el recurso característico de las ciencias sociales, que establece la continuidad aun entre la práctica de la vida cotidiana y la conceptualización de las ciencias sociales.

En segundo lugar, digamos algo acerca del problema de la unidad metodológica de las ciencias empíricas. Quizás el especialista en ciencias sociales coincida con la afirmación de que las diferencias principales entre las ciencias sociales y las naturales no deben ser buscadas en una lógica diferente, que gobierne cada rama del conocimiento. Pero esto no supone admitir que las ciencias sociales deban abandonar los recursos específicos que utilizan para explorar la realidad social, a cambio de una unidad ideal de métodos que se basa en la premisa, totalmente infundada, según la cual sólo son científicos los métodos empleados por las ciencias naturales, y en especial por la física. Por cuanto sé, los adeptos del movimiento de la «unidad de la ciencia» nunca han intentado con seriedad responder, o siquiera plantear, la pregunta de si el problema metodológico de las ciencias naturales, en su estado actual, no es simplemente un caso especial del problema más general, aun inexplorado, de cómo es posible el conocimiento científico y cuales son sus presuposiciones lógicas y metodológicas. Mi convicción personal es que la filosofía fenomenológica ha preparado el terreno para tal investigación. Muy posiblemente, sus resultados demostrarían que los recursos metodológicos particulares elaborados por las ciencias sociales para comprender la realidad social son más adecuados que los de las ciencias naturales para conducir al descubrimiento de los principios generales que gobiernan todo conocimiento humano.

 

Notas

[1] Artículo presentado en la 33a. Reunión Semestral de la Conferencia sobre Métodos en Filosofía de las Ciencias, Nueva York, 3 de mayo de 1953.

[2] Publicado en el libro Science, Language and Human Rights (American Philosophical Association, Eastern División, vol. I), Filadelfia, 1952, págs. 43-86 (al que nos referiremos como SLH).

[3] Especialmente su Methodology of the Social Sciences, Nueva York, 1941.

[4] SLH, págs 4364.

[5] SLH, págs.65‐68.

[6] SLH, pág. 56.

[7] SLH, pág. 46.

[8] SLH, pág.60 y sigs.

[9] SLH, págs.55-57.

[10] SLH, pág.53.

[11] SLH, pág. 126.

[12] Mind, Self and Society, Chicago, 1937.

[13] Véase Max Weber, The Theory of Social and Economic Organization, trad. al ingles por A. M. Henderson y Talcott Parsons, Nueva York, 1947, pág. 88.

[14] Véase William I. Thomas, Social Bebavior and Personality, E. H. Volkart, ed., Nueva York. 1951, pág. 81.

[15] Principles of Psichology, vol.I. pág.221 y sigs.

[16] SLH, pág. 63.

[17] Algunos de los puntos tratados en las líneas siguientes fueron expuestos de manera más elaborada en «El sentido común y la interpretación científica de la acción humana».

[18] SLH, págs. 76 Y sigs., Y 81.

[19] SLH, pág. 77 y sigs.

[20] SLH, áags. 52 y 251.

[21] Véase Fritz Machlup, The Economics of Seller's Competition: Model Analysis of Seller´s Conduct, Baltimore, 1952, pág. 9 y sigs.

[22] SLH, pág. 46; véase también supra págs. 51-52.

[23] Véase Thelma Z. Lavine, «Note, to Naturalists on the Human Spirit», Journal of Philosophy, vol. 1, 1953, págs. 145-54 y la respuesta de Ernest Nagel ibid, págs. 154-57.

 

Notas de traductor/prologuista del libro

* Véase «El sentido común y la interpretación científica de la acción humana» pág. 35 Y sigs. (N. de M. Natanson)

** Véase «El sentido común y la interpretación científica de la acción humana», pág. 41 y sigs. (N. de M. Natanson)

*** Véase «El sentido común y la interpretación científica de la acción humana» pág. 67 y sig. (N. de M. Natanson.)

 

[*]SCHUTZ, Alfred: "Formación de conceptos y teorías en las ciencias sociales". En: SCHUTZ, Alfred, El problema de la realidad social [Capítulo 2]. Buenos Aires, Amorrortu, 1974, pp. 71-85.

 

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